Cuando lloran los valientes

El Ejercito de la Convención de Aguascalientes ocupó la Ciudad de México a finales del mes Noviembre de 1914. El Gobierno de Carranza tuvo que emigrar al Puerto de Veracruz.

Para el 6 de Diciembre entraron los ejércitos Villistas y Zapatistas. Famoso es el encuentro de Francisco Villa y Emiliano Zapata días antes, el 4 de ese mismo mes en Xochimilco.

Para muchos, Francisco Villa era un saqueador, un ser salvaje y maligno, incapaz de tener un sentimiento noble, pero, existe la anécdota, recogida por muchos testigos, que, estando Villa en la Ciudad de México, el 8 de Diciembre, pasó a visitar y rendir honores a la tumba de Francisco I. Madero en el Panteón Francés.

Francisco Villa llorando
Fotografía tomada de “Crónica ilustrada REVOLUCIÓN MEXICANA”

Villa llevaba un grueso suéter marrón. Se depositaron flores en la tumba. Villa pronunció un discurso que concluyó con lo siguiente

Aquí en este lugar, juro que pelearé hasta lo último por esos ideales; que mi espada ha pertenecido, pertenece y pertenecerá al pueblo. Me faltan palabras…

… Y para el asombro de algunos, Francisco Villa lloró con mucho sentimiento.

Ante la dureza de la guerra, frente a la crueldad que algunas veces tuvo que utilizar él mismo, Villa sacó su humanidad, al recordar, al llorar al que fue su compañero y jefe Francisco I. Madero.

También hizo que se cambiara el nombre de la Calle de Plateros a Madero. El pie de la fotografía dice “Ciudad de México, Diciembre de 1914. La lealtad, la más valiosa de las cualidades humanas: Villa, el hombre implacable, llora ante la tumba de don Francisco I. Madero”.

Gracias a la colaboración de Gerardo Güereca Hernández

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