Álvaro Obregón y Felipe Ángeles ¿Pelearon en el mismo bando?

Centenario de la Revolución Mexicana - Portada

Recientemente me topé con el libro Centenario de la Revolución Mexicana de Renward García Medrano publicado por el gobierno del Estado de Coahuila y le dí una breve ojeada.

Centenario de la Revolución Mexicana - Portada
Centenario de la Revolución Mexicana – Portada

No me gustan mucho estos libros porque tienden a resaltar, y es perfectamente comprensible, a los personajes ilustres del estado como Venustiano Carranza que nació en Cuatro Ciénegas o Francisco I. Madero oriundo de Parras de la Fuente.

Por lo tanto dejan un poco de lado a la figura de Francisco Villa, aunque supongo que si el gobierno del estado de Durango publicara un libro similar probablemente Doroteo Arango sería el protagonista principal y los demás personajes los secundarios de la historia.

¿Un error?

Siempre que veo un libro con tema de la Revolución busco lo relacionado con Francisco Villa y no me fue difícil encontrarlo. En el mismo índice viene un capítulo dedicado al Centauro del Norte.

Sin embargo, en la página 82 encontré un párrafo que me provocó una gran extrañeza que dice:

Centenario de la Revolución Mexicana Pág 82

“El arrojo sin límites de Villa y sus hombres fue el factor más importante de sus victorias en batallas que parecían perdidas, pero con el tiempo se convirtió en su punto más débil, quizá en una de las principales causas de sus derrotas a manos de Álvaro Obregón y de la extinción final de su ejército. Obregón, asesorado por militares de gran talento como Felipe Ángeles, tecnificó en poco tiempo sus tácticas y estrategias, por ejemplo el recurso de las trincheras de alambre de púas que obstruían el paso y ponían en la indefensión a los más arrojados Dorados de Francisco Villa.”

Deje usted de lado el sarcasmo probablemente involuntario de decir “a manos” considerando que Álvaro Obregón fue conocido como “el manco de Celaya” precisamente por perder un brazo en una batalla cercana a esa ciudad contra las fuerzas Villistas.

Lo que me llama particularmente la atención fue el hecho de sugerir que en algún momento Obregón fuera asesorado por Felipe Ángeles como si estuvieran combatiendo en el mismo lado y según mi entender esto nunca ocurrió.

En el transcurso de la Revolución eran moneda corriente las traiciones, un día combatías con ellos, al otro contra ellos, incluso el mismo Villa peleo bajo las órdenes de Victoriano Huerta cuando el objetivo era quitar del poder al General Porfirio Díaz.

Pero este no es el caso, probablemente se trata de un error, pero es uno muy evidente, sobre todo porque hablamos de uno de los hombres más allegados a Francisco Villa. A lo mejor el autor se refiere a otro general o a otro personaje, pero eso no lo se a ciencia cierta.

También se puede dar el caso de que este equivocado, después de todo mis conocimientos acerca de la Revolución Mexicana llegan a un nivel de aficionado.

¿Usted que opina? estamos delante de un error presente en un libro que edita el gobierno? no sería la primera vez que esto sucede.

El Niño y las Mujeres

soldaderas sobre el tren

La revolución mexicana fue un hecho histórico en el que participaron muchos personajes, caudillos y héroes, villanos y traidores, se ha escrito y hablado mucho, sobre ellos, sin embargo, no se ha rendido suficiente reconocimiento a las mujeres de la revolución, a las soldaderas, a esas mujeres enamoradas que sin ningún credo político dejaban su hogar y su familia para irse a la bola con el hombre amado, eran amantes, cocineras, enfermeras, sobre la marcha parían y seguramente sobre la marcha, bajo la lluvia de metralla tuvieron que enterrar a sus muertos; sabían disparar un Mauser, cubriendo el hueco dejado por un soldado caído, y fueron protagonistas de hazañas heroicas y de mucho valor.

Ahí estaban los trenes militares, atravesados a mitad del desierto, se veían solitarios, no había soldados abordo ni en los techos de los vagones, las jaulas de los caballos estaban vacías y es que esa mañana, todos los soldados habían echado pie a tierra y formando una larga fila emprendieron la marcha bajo un sol que ya empezaba a calentar. Junto con los soldados avanzaba el niño,… ¿qué no saben quién era el Niño? Pues el Niño era el cañón más grande del ejército constitucionalista: negro, imponente con un alcance y una precisión de tiro, que cuando los rebeldes oían que se acercaba el Niño, salían corriendo y daban por perdida la batalla. Era tan grande, tan grande y tan pesado, que lo movían montado sobre una plataforma de ferrocarril, que se estremecía y casi se salía de los rieles cuando el Niño lanzaba sus escupitajos de fuego.

Los rebeldes habían ocupado posiciones muy ventajosas en lo alto de los cerros, que formaban un estrecho cañón en el fondo del cual, corrían las paralelas del ferrocarril y la tarea del Niño era despejar el camino para que los soldados avanzaran sin peligro. En el campamento sólo habían quedado las mujeres que se metían debajo de las plataformas para protegerse del brillante sol, más tarde algunas empezaron a salir a recoger varitas y hojas secas para encender el fuego y poner a cocer los frijoles, y a preparar la masa para echar la tortillas, porque cuando los hombres regresaran seguramente vendrían cansados y con mucha hambre, ¡bueno! Eso… si regresaban.

De pronto se escucharon gritos –¡Fuego, fuego, se esta quemando el tren! Todas corrieron y lo que miraron las paralizó; los vagones repletos cargados con el parque que alimentaba al Niño estaban envueltos en llamas, y como la madera estaba muy reseca el fuego se extendía con mucha rapidez.

Con ojos desorbitados se miraban unas a las otras, no sabían que hacer, ni manera de apagar aquel incendió si no había una sola gota de agua a su alrededor, de pronto una de ellas valiente y decidida propuso:

–¡hay que sacar el parque de ahí a como de lugar!

Inmediatamente todas contestaron:

–¡Claro que si! ¡Vamos muchachas, nosotras podemos!

Y empezó la tarea de salvamento, las más jóvenes subieron ágilmente a los vagones y trataron de mover las cajas pero eran demasiado pesadas, sin embargo se las ingeniaban para irlas empujando hasta la puerta del vagón y ahí las recibían otras mujeres que tambaleándose y doblándoseles las rodillas se alejaban del fuego hasta que no pudiendo mas se dejaban caer y luego, a gatas o como podían las arrastraban al lugar seguro.

–¡Vamos muchachas, vamos!

Gritaban para darse ánimo. La tarea era agotadora, la peor parte la llevaban las que estaban subidas en los vagones, el humo enrojecía sus ojos y a algunas las tenían que bajar para revolcarlas en el suelo y apagar sus faldas que ya venían quemándose, las que se habían caído se levantaban y nuevamente subían, ya tenían los brazos chamuscados y las manos despellejadas pero no se detenían. De pronto se escuchó un grito de júbilo.

–¡Es la última muchachas, es la última!

Varias manos desesperadas se extendieron y recibieron la caja que ya venía quemándose, le aventaron tierra para que no explotara y así el salvamento había sido un éxito y los vagones ardieron hasta consumirse por completo. Las mujeres extenuadas se dejaron caer en el suelo a pleno sol. Pasaron varias horas, algunas empezaron a moverse a tratar de levantarse, parecían fantasmas, se ayudaban unas a otras, se untaron manteca en sus quemaduras, y no faltó una de ellas que coquetamente se acomodó lo que quedaba de su chamuscada trenza y como si nada hubiera pasado fueron a menear la olla de los frijoles y a empezar a echar las tortillas.

Ya era más de la media noche cuando se escuchó algo a lo lejos, las mujeres de despabilaron, escucharon atentas, si, era el galopar de los caballos –¡Son ellos!– Gritaron –¡Ya vienen, ya regresan!

Los hombres fueron recibidos con mucha alegría, venían cansados asoleados hambrientos, algunos hasta heridos, pero venían todos no habían tenido bajas, y el Niño el cañón también había sido recibido en júbilo porque gracias a su certero cañoneo los rebeldes habían abandonado sus ventajosas posiciones y las vías férreas habían quedado libres para que el ejército avanzara sin ningún peligro.

Las mujeres solícitas y cariñosas les ofrecían las cazuelitas con los frijoles humeantes y las tortillas con chile, los hombres comían vorazmente y se echaban sus buenos tragos de aguardiente pues para que no se les atorara el taco, y después en medio de sonoros eructos de satisfacción echaron sus harapos al suelo y se acostaron a dormir con las carabinas bien apretadas contra el pecho.

Y fue hasta ese momento que las mujeres pudieron descansar, y al ver a sus hombres sanos y salvos, bien comidos y durmiendo calientitos, se sintieron orgullosas, si, se sintieron muy orgullosas de lo que habían hecho, porque gracias a su esfuerzo y a su valor habían salvado el parque, el valiosísimo parque que seguiría permitiendo al Niño ganar batallas y prometer la vida de sus juanes.

Libro: Rodolfo Fierro, La Bestia Hermosa

Rodolfo Fierro y Francisco Villa

Rodolfo Fierro, el ejecutor de Villa.

Rodolfo Fierro es un personaje que desde que se conocen acompaña a la figura de Pancho Villa. Algo similar ocurre con Felipe Ángeles dos personas de personalidad y carácter totalmente opuestos.

Por un lado, una persona educada, militar de carrera, el artillero de Villa, Felipe Ángeles. Por el otro, el carnicero, el ejecutor, una persona con una conciencia ausente y una temeridad a prueba de balas, Rodolfo Fierro.

Mucho se ha escrito sobre el Centauro del Norte, pero poco sobre Rodolfo Fierro. ¿Cuales fueron sus orígenes?, su infancia, el momento en que conoce a Francisco Villa, su vida.

Creo que de alguna manera sustenta y justifica el comportamiento de Rodolfo Fierro, su vida no fue fácil de ninguna manera, el abandono y la tragedia son parte de su vida y creo que su valentía es una excusa para perder la vida.

Muere el 13 de octubre de 1915. Irónicamente no muere asesinado o por bala en el combate. Muere ahogado por su terquedad de atravesar a caballo una laguna.

El Libro.

Por eso le doy gracias a la Sociedad Sonorense de Historia que puso a disposición de todos el libro Rodolfo Fierro, La bestia hermosa del Sr. Ernesto Gámez, un libro en formato PDF y de libre descarga.

Rodolfo Fierro

El libro es breve, de lectura muy amena pero les advierto que necesitarán leerlo con un diccionario a un lado, superado este pequeño detalle el autor logra retratar muy bien el ambiente de la época y la sicología de Rodolfo Fierro.

Espero que lo disfruten.

Descargar Libro: Rodolfo Fierro, La bestia hermosa.