Felipe Ángeles: El Juicio en el Teatro de los Héroes y la Venganza de Villa

Para entender el trágico final de Felipe Ángeles, hay que viajar primero a su exilio en Estados Unidos. Después de las derrotas de la División del Norte en 1915, Ángeles se estableció en un pequeño rancho cerca de El Paso, Texas, donde vivió con grandes dificultades económicas y trabajó duramente en el campo para mantener a su familia.

Sin embargo, su compromiso con México lo hizo regresar en secreto el 11 de diciembre de 1918, cruzando el río Bravo con la intención de reunirse con Pancho Villa y buscar una reconciliación entre todas las facciones revolucionarias para traer la paz al país.

La captura en el desierto.

Ángeles se reencontró con Villa en la sierra, pero tras el fracaso del ataque a Ciudad Juárez en 1919, ambos líderes se separaron. Mientras el general hidalguense se internaba con apenas unos hombres en el desierto de Chihuahua, fue traicionado por miembros de la Defensa Social.

El 15 de noviembre de 1919, Ángeles fue capturado en una cueva en el Valle de los Olivos, en la región de Balleza, por el mayor Gabino Sandoval. De ahí fue trasladado como prisionero a Parral, luego a Camargo y finalmente a la ciudad de Chihuahua, donde llegaría el 21 de noviembre para enfrentar su destino.

Un juicio de película: El Teatro de los Héroes

El gobierno de Venustiano Carranza no perdió el tiempo y lo sometió a un Consejo Extraordinario de Guerra. Los delitos por los que se le enjuició fueron rebelión y deserción frente al enemigo.

Lo curioso es que el juicio no fue en un cuartel frío, sino en el Teatro de los Héroes, que estaba a reventar de gente que admiraba al general.

Consejo de Guerra a Felipe Ángeles

Fue un evento público donde Ángeles aprovechó para dar lo que muchos consideran su testamento político.

El general se defendió con una elocuencia tal que el público lo ovacionaba constantemente, convirtiendo el tribunal en una tribuna para sus ideas democráticas y socialistas.

A pesar de que miles de personas en México y Estados Unidos pidieron clemencia, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón presionaron fuertemente para que se aplicara la pena de muerte. Obregón incluso telegrafió al jefe militar en Chihuahua advirtiéndole que lo borraría de su lista de amigos si intentaba salvar a Ángeles.

El final y la última carta

Habiendo sido condenado a muerte el 25 de noviembre, Ángeles pasó sus últimas horas en el Cuartel del 21º Regimiento. Allí, con una serenidad asombrosa, escribió una carta de despedida a su esposa Clarita. El texto de la misiva dice así:

"26 de noviembre de 1919. En el Cuartel del 21º Regimiento. —Chihuahua. —Adorada Clarita: Estoy acostado descansando dulcemente. Oigo murmurar la voz piadosa de algunos amigos que me acompañan en mis últimas horas. Mi espíritu se encuentra en sí mismo y pienso con afecto intensísimo en ti, en Chabela, en Alberto, en Julio y en Felipe. Siempre he hecho lo mismo en todo el tiempo desde que me separé de ustedes. Hago votos fervientes para que conserves tu salud y por la felicidad de Chabela. Tengo la más firme esperanza de que mis tres hijos serán amantísimos para ti y para la patria… Diles que los últimos instantes de mi vida los dedicaré al recuerdo de ustedes, y que les envío un ardientísimo beso para todos ustedes. —Felipe Ángeles."

A las seis y media de la mañana del 26 de noviembre de 1919, Ángeles fue sacado de su celda para ser fusilado. Como un último gesto de dignidad, pidió como gracia que los fusiles estuvieran listos para que la descarga se hiciera en cuanto él se colocara frente al pelotón, sin necesidad de vendas ni discursos de última hora.

El entorno del fusilamiento y la furia de Villa

El ambiente en Chihuahua tras el fusilamiento fue de una tristeza e indignación profunda. Se estima que más de cinco mil personas, incluyendo a las figuras más prominentes de la sociedad chihuahuense, acompañaron su cadáver hasta el cementerio en una procesión fúnebre gigantesca y silenciosa.

Funerales del general Felipe Angeles, Chihuahua, 26 de noviembre de 1919.
Funerales del general Felipe Angeles, Chihuahua, 26 de noviembre de 1919.

Cuando Pancho Villa se enteró de que su gran estratega y amigo había sido ejecutado, su reacción fue inmediata y sangrienta.

Apenas dos días después de la muerte de Ángeles, Villa y sus tropas cayeron sobre la guarnición carrancista de Santa Rosalía y, en un acto de pura venganza por la pérdida de su compañero, mataron hasta el último de los defensores del gobierno.

Para Villa, la ejecución de Ángeles fue la prueba final de que sus enemigos "decentes" eran más rencorosos y sanguinarios que cualquier bandido.

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