Francisco I. Madero: Un hombre de ideales que dio origen a la Revolución

Francisco Ignacio Madero González nació el 30 de octubre de 1873 en Parras de la Fuente, Coahuila, en el seno de una familia terrateniente adinerada. Su padre, Francisco Madero Hernández, era un empresario prominente y su madre, Mercedes González Treviño, provenía de una familia políticamente activa.

Francisco I. Madero recibió una formación académica cosmopolita. Inició sus estudios en el Colegio Jesuita de San Juan Nepomuceno en Saltillo. En 1886, viajó a Estados Unidos para cursar estudios de agricultura en las Culver Academies de Indiana y posteriormente en Baltimore.

Su formación internacional continuó en Francia, donde asistió al Lycée Hoche de Versalles para completar su educación preparatoria y a la École des hautes études commerciales (HEC) de París para obtener un título en peritaje mercantil.

Finalmente, regresó a Estados Unidos para profundizar en sus conocimientos agrícolas en el departamento de agricultura de la Universidad de California en Berkeley.

El inicio de su vida política.

En 1904, Madero se involucró en la política local de Coahuila, oponiéndose a la reelección del gobernador Miguel Cárdenas. Su activismo lo llevó a la cárcel en varias ocasiones, pero también lo consolidó como una figura prominente en la oposición al régimen de Porfirio Díaz.

En 1908, Madero publicó el libro La sucesión presidencial en 1910 (PDF), en el que denunciaba la dictadura de Porfirio Díaz y proponía un regreso a la democracia. El libro fue un éxito rotundo y convirtió a Madero en un líder nacional.

La sucesión presidencial en 1910
"La sucesión presidencial en 1910"

Madero y su relación con Francisco Villa

Francisco I. Madero y Francisco Villa fueron dos figuras prominentes en la Revolución Mexicana. Madero, un intelectual idealista, lideró el movimiento que derrocó al dictador Porfirio Díaz.

Francisco Villa, un antiguo bandido convertido en jefe militar, se convirtió en uno de los líderes revolucionarios más populares. Su relación, aunque compleja y a veces tensa, fue crucial para el éxito de la Revolución.

Abraham González amigo y colaborador de Francisco I. Madero fue el que reclutó a Villa en el movimiento revolucionario.

Madero y Villa se unieron por primera vez en 1910, cuando Villa se unió al movimiento maderista. Villa aportó a la causa su experiencia militar y su capacidad para reclutar y liderar tropas. Madero, por su parte, proporcionó a Villa un marco político y una visión para el futuro de México.

La casa de adobe en Ciudad Juarez
"La casa de adobe en Ciudad Juárez".

En la Casa de Adobe ubicada en Ciudad Juárez se tomó una de las fotografías más icónicas de la Revolución Mexicana. En ella se observa a Madero, vestido de traje y sombrero, rodeado de sus principales colaboradores, entre ellos, Pancho Villa, Venustiano Carranza, Abraham González y Pascual Orozco. La imagen representa la unidad de los revolucionarios en su lucha por un México más justo y democrático.

El Encarcelamiento de Francisco Villa en Lecumberri.

A pesar de su éxito inicial, la relación entre Madero y Villa comenzó a deteriorarse. Villa era un líder carismático pero indisciplinado, y a menudo desafiaba la autoridad de Madero. Madero, por su parte, era un líder más moderado que a veces desconfiaba de los métodos radicales de Villa.

Francisco Villa es acusado de insubordinación por Victoriano Huerta, ordena su fusilamiento, pero la intervención del general Rubio Navarrete lo salva de la muerte.

Villa fue trasladado a la prisión de Lecumberri, conocida como el "Palacio Negro" por su lúgubre arquitectura y sus duras condiciones. La prisión era un lugar infame donde se recluía a criminales comunes, presos políticos y disidentes del régimen.

Desde su celda, escribió cartas al ahora presidente Francisco I. Madero, denunciando la injusticia que lo aprisionaba y clamando por su intervención.

Las misivas de Villa eran un torrente de palabras cargadas de furia y dolor. Describía las condiciones inhumanas de su encierro, las torturas físicas y psicológicas a las que era sometido y la arbitrariedad de su encarcelamiento. Era un hombre víctima de la injusticia, un guerrero sin espada, un líder silenciado.

Sin embargo, sus súplicas cayeron en oídos sordos. Madero, enredado en las complejidades de la política y temeroso de la influencia de Villa, no respondió a sus cartas. El silencio del presidente fue un golpe devastador para Villa, una traición a los ideales que habían compartido en la lucha revolucionaria.

Se dice que invitaron a Villa al golpe que se estaba gestando contra Madero, le mando cartas advirtiendole pero no hubo respuesta, por eso planeo su fuga de prisión.

El 26 de diciembre de 1912, Villa logró escapar de Lecumberri con la ayuda de algunos de sus seguidores. Se disfrazó de doctor y salió de la prisión por la puerta principal.

La Decena Trágica

La ruptura final entre Madero y Villa se produjo en 1913, cuando Victoriano Huerta derrocó a Madero en un golpe de estado.

La Decena Trágica fue un periodo de diez días, del 9 al 18 de febrero de 1913, marcado por cruentos enfrentamientos en la Ciudad de México. El general Victoriano Huerta, con apoyo del embajador estadounidense Henry Lane Wilson, se rebeló contra el gobierno del presidente Francisco I. Madero.

Madero, sitiado en Palacio Nacional, se vio obligado a renunciar y fue arrestado junto a su vicepresidente, José María Pino Suárez.

La Decena Trágica culminó con el asesinato de Madero y Pino Suárez el 22 de febrero, un crimen que conmocionó a México y marcó un punto de inflexión en la Revolución Mexicana. Este evento puso fin al breve periodo de democracia y dio paso a la dictadura de Victoriano Huerta.

Villa se unió a la lucha contra Huerta, pero se rebeló contra el nuevo gobierno constitucionalista de Venustiano Carranza después de la muerte de Madero.

La avenida Madero

Villa colocando la placa.
"Villa colocando la placa de la Avenida Madero."

El 8 de diciembre de 1914 a las 10 de la mañana, una banda de música resonaba en la esquina de las calles Plateros e Isabel la Católica, creando una atmósfera solemne. Entre la multitud expectante, apareció Francisco Villa.

Subiendo a una escalera, Villa mostró al público una placa con el nombre de Francisco I. Madero. Sin mayor ceremonia, mientras la banda entonaba el himno nacional, la colocó en la pared, bautizando así la calle Plateros y su continuación, San Francisco, como Avenida Francisco I. Madero.

Fotografías capturan el momento: Villa, con su característico suéter de lana y salacot, encaramado en la escalera mientras coloca la placa. Bajo el suéter, se distingue la funda de su pistola.

Legado

La relación entre Madero y Villa es un microcosmos de la Revolución Mexicana en sí misma. Fue una relación marcada por la colaboración, la traición y la tragedia. Sin embargo, ambos hombres dejaron un legado duradero en la historia de México.

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