El armisticio de Francisco Villa

Villa tiene más de 40 años y una buena parte de su vida huyendo o en combate. La desconfianza es lo que lo ha mantenido vivo, quizás no quiere rendirse pero ya lo esta considerando.

Es por eso que Villa ve con recelo las propuestas de paz que le ofrecen sus enemigos. Y no lo pueden culpar, si un sello que caracteriza a la Revolución Mexicana es la traición. Madero y Carranza sólo son una muestra de lo que tus "aliados" pueden hacer con sus amigos.

Sin embargo parece que Villa esta dispuesto a deponer las armas y esta atento a tales propuestas. Sabe que un armisticio no puede venir de Álvaro Obregón con quien tiene viejas rencillas o de un Plutarco Elías Calles que en aquellos días era Ministro de Guerra.

El breve mandato de Adolfo de la Huerta.

Adolfo de la Huerta era el presidente en funciones en ese momento. A pesar de que su mandato es muy breve, en cinco meses logró la pacificación del país pero no fue fácil.

El ingeniero Elías Torres aparece en la historia como el emisario, aunque no queda claro si es un enviado de Adolfo de la Huerta o va por iniciativa propia. Lo cierto es que Villa le abre la puerta y esta dispuesto a iniciar las negociaciones.

El Ing. Elías Torres con Francisco Villa.
El Ing. Elías Torres con Francisco Villa.

Le han hecho varias veces la misma promesa de paz, mismas que ocultaban el deseo de atraparlo o matarlo. La presión ejercida por Obregón y Calles hicieron que peligraran las negociaciones.

Es cuando inician un viaje totalmente desaconsejable y por eso mismo inesperado. Durante trece días cabalgan por el desierto, un recorrido en línea recta de más de 500 kilómetros. Dejando plantados a sus perseguidores deja el estado de Chihuahua para llegar a Sabinas Coahuila.

Toma la ciudad casi sin resistencia e inicia las comunicaciones directamente con Adolfo de la Huerta.

No es una rendición, es un retiro.

En la mañana del 28 de julio de 1920 se firma el acta en la que hábilmente omiten la palabra rendición, en su lugar utilizan el eufemismo de "retirarse a su vida privada".

Las condiciones no eran exageradas: un año de salario para sus hombres pagado por adelantado, el tiempo suficiente como para que una hacienda produjera lo necesario para vivir. Un rancho en cualquier parte (después se sabría que sería la Hacienda de Canutillo en el estado de Durango) y permiso para mantener una escolta armada de 50 hombres.

A cambio, Villa se comprometía a no tomar las armas en contra del gobierno.

De esa forma termina la vida de Pancho Villa el revolucionario para iniciar el experimento social que sería la Hacienda de Canutillo, pero esa es otra historia.

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